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La Soleá de Cádiz


jaloird
(@joserios)
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Topic starter  

En primer lugar y como hemos venido haciendo dejamos la clasificación de cantes de Cádiz de los hermanos Soler y los enlaces a la página web que los contiene:

Estilos de cante por  Soleá de Cádiz

Paquirri 1-3 ·

Enrique el Mellizo 1-3 ·

el Morcilla ·

 Juan Ramírez

Pepe el de la Matrona 1 ·

Aurelio Sellés · 

Cádiz anonymous

En segundo lugar dejamos enlace de vídeo de los estilos que más identifican la soleá de Cádiz, interpretados por María la Sabina:

Estilos Enrique el Mellizo. Maria la Sabina. Min.5:20. Colección Rito y Geografía.

https://www.youtube.com/watch?v=X6RvE7pf1nA

Mismo estilo por Tomás Pavón

http://canteytoque.es/mellizo1tomas9.mp3

Estilos Paquirri el Guanté. Min. 2:20. Santiago Donday

https://www.youtube.com/watch?v=X6RvE7pf1nA

 

Ambiente flamenco en Cádiz, segunda mitad del siglo XIX

Cádiz tenía por aquel entonces una población aproximada de 70 mil  habitantes y contaba con una plaza de toros que se construyó en 1862 y en tan  solo 28 días, obra del arquitecto D. Manuel García Álamo. Pese al corto tiempo  empleado en su construcción, fue una plaza sólida, construida en madera,  localizada frente al colegio de la Mirandilla (Campo del Sur) y con una  capacidad para once mil personas. La misma fue inaugurada por la Reina  Isabel II el día 27 de Septiembre de 1862.  

Sitios de representaciones:

Merecen destacarse los siguientes teatros, en los cuales en ocasiones acogieron espectáculos de corte flamenco, así como innumerables sainetes, zarzuelas y demás obras de teatro, que de un modo u otro, también influyeron en la creación, propagación y evolución del arte flamenco. La Guía Rosetty realiza la siguiente descripción;

TEATRO PRINCIPAL.- Situado en la calle Novena, cuyo terreno perteneció a los propios de la Ciudad, la cual lo cedió al hospital de San Juan de Dios, habiéndose labrado el teatro en el año de 1700, de madera, pero construido bajo buenas reglas, en nuestros tiempos se le ha reformado en diferentes ocasiones; conservándose en él un hermoso telón de boca, debido al pincel del famoso Juan Rodríguez el Panadero

TEATRO DEL BALÓN: Próximo al antiguo juego de su nombre en la plaza que de él lo toma, fue construido de madera el año de 1812 y reedificado en el de 1838, labrando sus muros de mampostería y dándole la forma que hoy tiene. Este teatro, en cuya escena se han presentado en otras épocas las primeras notabilidades del arte dramático, recuerda una época de gloria para Cádiz; pues fue construido durante el sitio de esta plaza en la guerra de la Independencia; con objeto de que el vecindario, refugiado a causa del bombardeo en los barrios inmediatos, no careciese de espectáculos teatrales.

GRAN TEATRO DE CÁDIZ, Este suntuoso edificio se inauguró en la noche del 28 de junio de 1871, ocupaba en el centro de la plaza Rey Don Alfonso XII, dando su fachada principal a la de Fragela, 1757,43 metros cuadrados de superficie; habiendo estado encomendada su dirección al hábil arquitecto D. Manuel García Álamo, quien llevó con admirable rapidez a cabo las obras.

TEATRO CÓMICO: Se encuentra en la calle Javier de Burgos y tiene un precioso salón, rico y artísticamente decorado, Es muy pequeño a pesar de lo cual, es el teatro predilecto de los gaditanos, por lo general este teatro cultiva el género llamado chico, en funciones por horas. En este Teatro actuaron en algunas ocasiones, Antonio Chacón con los hijos del Mellizo.

TEATRO-CIRCO: Situado en la plaza de Jesús Nazareno. Es el Teatro más popular en Cádiz. Tiene una bonita sala, que se transforma en pista de circo, cuando actúa en él compañía ecuestre.

TEATRO EL PARQUE: Ocupa un bonito pabellón, aislado del Parque Genovés, es teatro de verano y tiene un amplio salón, decorado con sencillez, cuya airosa techumbre sostienen grupos de artísticas columnas de hierro.”

OTROS TEATROS: Además de los referidos, estaba el de Cervantes, la Cabaña Suiza y el de Romea.”

Cafés cantantes en Cádiz

En cuanto a cafés-cantantes y demás tabancos de los que tenemos noticias y en donde en una gran mayoría a buen seguro actuó Enrique el Mellizo y otras notabilidades flamencas:

- La Jardinera en Puerta tierra, La Filipina cercano al puerto, en la confluencia de las actuales calles Marqués de Cádiz y Cristóbal Colón y que muy bien pudiera ser el café gaditano descrito por D. Pío Baroja en “Las inquietudes de Shanti Andía.”

- Café el Perejil, ubicado en la antigua alameda del Perejil, hoy Parque Genovés, abría solamente en verano, Café el Recreo, se cree que por la plaza de las flores, Bar del “Mataero”, junto a la casa de Matanzas y cuartel general de Enrique el Mellizo y de toda la gitanería del Barrio de Santa María, Bar “El Montañes”, ubicado en pleno barrio de Santa María y cuyo dueño se llamaba José Díaz y era natural de una aldea próxima a Torrelavega (Santander). En dicho bar, muy posiblemente se gestara el cante por Montañesas o Pravianas; fue frecuentado por Paco Oro, Los Ortegas, Agualimpia, El Nitri, Curro Durse, los Ferias, El Mellizo, así como por el bailaor Antonio “el Raspao”.

- Verbena de los Ángeles, inaugurada por Tomas el Nitri en 1870, en la segunda velada cantó Maria Borrico. Enrique el Mellizo cantó sobre 1886. También participaron en dicha Verbena el Viejo de la Isla, hermano de Maria Borrico.

- La Venta el Chato. Ya en plena actividad en la época de Fernando VII. En ella se dieron fiestas y reuniones de flamencos.

- Los 3 reyes, donde “paraban” los flamencos, Camacho Ortiz del Puerto de Santa Maria, Diego Antúnez, el Morcilla, etc..

- El “Siglo Colmao”, estaba enclavado en la calle Vea Murgia, y en este establecimiento cantó Chacón y el Mellizo, durando el “mano a mano” dos días consecutivos.

- La Parra la Bomba.

- Cachucha -Café, era un establecimiento de madera que estaba situado en el centro de un mercado público compuesto por dos o tres galerías de puestos y estaba emplazado en lo que hoy ocupa el Gran Teatro Falla.

- Bar Los Gallos, estaba muy cerca del matadero, era un local muy taurino y flamenco, y allí se reunían los aficionados a las peleas de gallos. Era de madera y pintado de verde.

- El Café “El Correo”, propiedad del Sr. D. José Durio, sito en la calle Rosario  41 y en donde destacados artistas flamencos de primer orden actuaron en sus  instalaciones, caso de Juan Breva que actuó en 1879 y 1888.  

- El Café “La Lonja”, propiedad de los herederos de D. Juan Antonio Ruiz de  Bustamante, sito en Duque de la Vitoria 3 y 5 y en donde es muy posible que el  gran Silverio Franconetty “estemplara” cantando por siguiriyas a María Borrico  en 1864.  

- Taberna de La Escalerilla, en Puerto Chico, en la plazoleta de Osorio, la cual  contaba con un emparrado y era sitio obligado de parada a la salida de los  toros, cuando la plaza se encontraba en el Campo del Sur.  

Cantaores de la segunda mitad del siglo XIX

Merecen citarse a Francisco Fernández Boigas “Curro  Durse”, Enrique Ortega, “La Jacoba”, Enrique Cruz “El Macaca” primer gaditano  que graba en cilindros de cera, Enriqueta Díaz, “La Macaca”, Paquirri el  Guanté, Francisco La Perla, Los Ferias, Los Espeletas, Perico Piña “El Viejo de  la Isla”, María Borrico, Las Cachucheras, La Rubia de Cádiz, Romero El Tito o  El Artillero, Tío José el Granaíno, Teodoro Guerrero Cazalla “El Quiqui”, Diego  Antúnez, etc…  

 

Paquirri el guanter 1834-1862

Artículos sobre el artista

https://www.lavozdigital.es/cadiz/20081116/cultura/paquirri-guante-datos-definitivos-20081116.html

https://www.gentedelpuerto.com/2012/03/04/1-309-paquirri-el-guante-el-crimen-que-nunca-cometio/

https://www.diariodecadiz.es/opinion/articulos/realidad-flamenco-II-Paquirri-Guanter_0_395960998.html

 

Enrique el Mellizo.

Extracto de Enrique Jiménez “El Mellizo”. Vida y obra de un “compositor jondo” © Antonio Barberán Reviriego Cádiz, mayo de 2006 

 “… un gitano iletrado pero con tanta música dentro como para que en Inglaterra se le  haya comparado en su campo, con Mozart en el suyo: un Falla analfabeto, pero no  menos perdurable…”  

Fernando Quiñones.-  

Diario de Cádiz de 13 de enero de 1997  

Existe general aceptación por parte de los tratadistas, en definir la figura  del maestro gaditano como el principal pilar del cante flamenco gaditano, pese  a que en etapas anteriores y en la suya propia existían en esta localidad,  numerosos artistas de primerísimo orden; caso de Curro Durse, Paquirri “El  Guanté”, Teodoro Guerrero Cazalla “El Quiqui”, Tío José “El Granaíno”,  Enrique Ortega “El Viejo”, Juan Feria, El Viejo de la Isla, el Niño de la Isla,  María Borrico, etc... que destacamos entre otros muchos que se irán citando y  que en plena época del Mellizo, ya estaban triunfando en los Cafés-Cantantes  de Andalucía.  

Francisco Antonio Enrique Jiménez Fernández (a) "El Mellizo”, nació en la  gaditana calle Mirador nº 24 (hoy 29), enclavada en pleno corazón del Barrio  de Santa María, el día uno de diciembre de 1848. Sus padrinos de bautizo  fueron Enrique Ortega Díaz “Ortega el Viejo” y Carlota Feria Ruiz.  

Sobre Enrique Ortega Díaz "Ortega el Viejo ", nació el 6 de mayo de 1823, Cossio lo data toreando en Madrid en 1848, pero debido a su obesidad deja los toros y se dedica al cante y al oficio de carnicero en el Mercado Central de Cádiz, intimo amigo de Silverio Franconetti. Falleció en Cádiz el 9 de diciembre de 1871 en la calle@36.5278626,-6.2898764,3a,75y,28.07h,84.32t/data=!3m6!1e1!3m4!1sPs8pXHisr4swLqiA_tp-Hg!2e0!7i13312!8i6656"> Santo Domingo,8 de Cádiz

Francisco Antonio, anteriormente estuvo casado con una hermana de  Carlota, la cual se llamó María Dolores Fernández Monje, nacida en Cádiz el  día 14 de octubre de 1809 y fallecida en la misma Capital en fecha 2 de  noviembre de 1833, a la edad de 24 años en la calle Santa Elena.  

Del primer matrimonio tuvieron dos hijos; - José Antonio Florencio  (7/11/1830-16/7/1895) y María Dolores (23/01/1833 - 2/12/1833).  

Observamos pues, que su primera mujer falleció a los diez meses de nacer  su hija, esto pudo provocar que su hermana Carlota y la suegra del padre del  Mellizo, Juana Monje que aparece empadronada en el domicilio de Francisco  Antonio, se tuvieran que hacer cargo de dichos hijos en el domicilio citado.

Noticias sobre su hermano Mangoli de una actuación:  

Cuando los Padres del Mellizo contraen matrimonio, -no sin problemas-, en  fecha 28 de diciembre de 1852, ya tenían ambos 6 hijos en el mundo, del cual  destacamos para el aficionado flamenco, amén de Enrique, a su hermano  Manuel Jesús (a) "Mangoli", dos años mayor que Enrique y “bailaor” flamenco  que gozó de muchísima popularidad en los Cafés-Cantantes de la época y que  aparece citado por Juan de la Plata en libro “LA TRADICIÓN FLAMENCA DE  JEREZ” (Cádiz 1997-Cátedra de flamencología y estudios folklóricos  andaluces)  

“… Abre de nuevo sus puertas el Teatro Principal y ya tenemos en su escenario la  noche del 31 de octubre de 1867, el primer gran espectáculo casi completo de  flamenco que se celebra en Jerez. En él actúan nada menos que tres grandes  artistas de la época: el cantaor jerezano Joaquín Loreto, más conocido por Joaquín  Lacherna; el cantaor gaditano Francisco Fernández, más conocido como “Curro  Dulce”; y el tocaor gaditano Francisco Cantero, conocido por “Paco el Barbero”. El  primero de ellos, La Cherna, vería nacer, once años mas tarde a su sobrino Manuel  Torre, el segundo, Dulce, no llegaría a conocer a su famoso biznieto, Manolo  Caracol. Ambos cantaores, como puede observarse, antepasados de dos grandes  familias flamencas, Los Torre de Jerez y los Ortegas de Cádiz, aunque por vía  materna.  

 El espectáculo se abrió con la actuación de Juan Fernández, conocido por el  hijo de Curro Dulce, quien cantó EL POLO, LA CAÑA y seguiriyas: Curro Dulce cantó  por soleá, el Jaleo y la Viudita –esto último, tal vez un tanguillo carnavalesco-, bailando uno que le decían El Mingoli (Nota: “Mangoli”, de nombre Manuel Jiménez  Fernández, hermano de Enrique El Mellizo). Por último Curro Dulce, al que ningún  investigador da como bailaor y sólo como gran cantaor, especialmente de caña,  bailó lo que entonces se llamaba el Tango Americano.”  

Enrique el Mellizo, contrajo matrimonio el día 8 de febrero de 1874 con  Ignacia Ezpeleta Ortega, nacida en Cádiz el 30 de octubre de 1852, hija del  matador de toros Francisco Ezpeleta Machucha y de la cantaora Dolores María Jacoba Ortega Díaz (a) “La Jacoba”. Es decir a partir de este matrimonio,  Enrique entronca con la grandes dinastías de los Ortega y Espeleta, donde la  inmensa mayoría de sus miembros durante varias generaciones fueron  cantaores, bailaores y toreros de tronío. 

EL MATADERO DE CÁDIZ; UNIVERSIDAD JONDA Y TORERA

Los primeros antecedentes taurinos acaecidos en dicho recinto tablajero,  nos lo cita con todo lujo de detalles el investigador taurino D. Guillermo Boto  Arnau, en su estupendo libro titulado “CADIZ, ORIGEN DEL TOREO A PIE”  (1661-1858) editado por la Unión de bibliófilos taurinos (Madrid 2001), en el nos  contaba lo siguiente:  

"En 1685 los responsables de las tablas de carnes (carniceros), se quejan del  estado de su mercancía por estar toreados los toros antes de matarlos y ellos mismos  autolimitan el número de reses con las que dejarían entrenarse a la gente de los  alrededores del matadero, señalando dos a la semana, conscientes de que no podían  erradicar el problema.  

El Cabildo, accedió a limitar a dos, los toros que habrían de lidiarse cada  semana, como solicitaban los ganaderos y esta lidia de ganado bravo o palurdo, ya  fueran toros, novillos o vacas, sirvió para el adiestramiento de los primeros toreros"  

De Enrique Jiménez “El Mellizo”, conocíamos a ciencia cierta que fue  empleado de la Casa de Matanzas, por así atestiguarse en las partidas de  matrimonio y nacimiento de sus hijos.  

De dicho establecimiento municipal la Guía Rosetty de Cádiz del año  1879, fecha en la cual, nuestro Enrique ya se encontraba empleado, realiza la  siguiente descripción: 

“Excmo. Ayuntamiento de Cádiz  

“Los que suscriben, mozos, ayudantes, aprendices y dependientes de la casa de  Matanzas de esta Ciudad, ante tan digna Corporación con el mayor respeto y  consideración dicen: Que hallándose muy próximo el aniversario de la Natividad de  Nuestro Señor Jesucristo, día que con tanto fervor celebra esta Ciudad Católica; y  siendo así que esa ilustrada Corporación ha venido siguiendo la inmemorial costumbre  de gratificar con este motivo a todos los dependientes del expresado Establecimiento, es  por lo que se atreven a dirigirse a V.M para que vista la situación en que se encuentran  de escasez de recursos y en proporcionar a los que hablan algún alivio, en las próximas  pascuas:  

Suplican a tan noble Corporación, se digne acordar se les gratifique como ha  venido haciéndose en épocas anteriores. Gracia que no dudan alcanzar de V.M. cuyas  vidas les guarde Dios muchos años. Cádiz 19 de Diciembre de 1874.”  

La petición fue denegada por el Ayuntamiento con un escueto y rotundo  “no ha lugar” contestado al margen izquierdo del documento. 

NOTICIA PUBLICADA EN EL DIARIO DE CÁDIZ EN FECHA 31  DE MAYO DE 1.906, RELATIVA A SU FALLECIMIENTO. 

Hasta aquí los datos del informe psicografológico que entran en directa  conexión con la noticia publicada en el Diario de Cádiz de fecha 31 de abril de  1906, día fatídico de su desaparición terrenal y que insertamos por vez primera  de forma completa, la cual arroja importantes datos de carácter inédito sobre  “El Mellizo” 

DIARIO DE CADIZ 31/05/1906 

“Falleció en el día de ayer, el popular y veterano maestro Enrique Jiménez (“El  Mellizo”).  

Más que como puntillero y banderillero, con haber actuado con famosos diestros, era  conocido por su habilidad y estilo personal en el cante andaluz, teniendo mucha  nombradía entre los aficionados.  

Sus malagueñas tenían tal sentimiento, arte y pasión, que formaron escuela, no  desdeñándose los más afamados cantaores, como Chacón, Fosforito y otros, en decir  que procuraban coger el modo especial del Mellizo, considerando aquel dulce canto  interpretado por Enrique, como el summun del género, en gusto y modo de decir.  

El arte de El Mellizo, puro y sentimental, estaba desprovisto en absoluto de desplantes  y contorsiones, considerando él, como la ruina del cante andaluz, los Tangos y otras  Chirigotas que ahora se prodigan.  

Hacía tiempo que no cantaba, sus padecimientos físicos, la edad y el ser hoy escasos  los que comprendían su notable modo de interpretar, le tenían retraído. De vez en  cuando concurría a alguna reunión de amigos antiguos, entre los que prodigaba sus  agudezas y ocurrencias saladísimas y genuinamente gaditanas, y entonces, ante  reiteradas instancias, cantaba alguna malagueña que hacía sentir.  

Recordamos que hablándose de la decadencia del cante, dijo en un círculo de amigos,  que como iba a buscar cantadores, estando el arte tan adelantado, que ya se hacía en  conserva como las latas de atún.  

Enrique Jiménez era quizás el último que quedaba de aquella generación de artistas  chuscos y personas de gracia, que en la segunda mitad del pasado siglo, haciéndose  notar por aquí en la afición al toreo, a los cantos de la tierra y a los chistes propios de  Andalucía.  

Descanse en paz el veterano maestro y reciba su familia, especialmente sus hijos  Antonio y Enrique, continuadores del arte de su padre, el pésame por la desgracia que  experimentan.”  

Creaciones de Enrique el Mellizo

Las Malagueñas doble y chica, tres estilos de soleares, dos de  siguiriyas, los tientos que aún en su tiempo se siguieron llamando tangos, la  montañesa flamenca, un estilo de Alegrías y muy posiblemente la saeta  flamenca.  

En cuanto a las más antiguas grabaciones de sus creaciones y por ende  los primeros inicios de su escuela cantaora, la cual ha permitido que sus estilos  perduren en el tiempo, han de citarse entre otras, las siguientes:  

Malagueñas: El Niño de la Isla (1.910) “Gastas bromas con todo el  mundo” con Ramón Montoya a la guitarra, Garrido de Jerez (1907) “Como  moro soy más moro” con Román a la guitarra y a Aurelio Sellé (1929) “En el  carrito de la pena” también con Ramón Montoya.  

https://www.youtube.com/watch?v=3ql36W2kzdE&t=65s

 

En una recopilación de cilindros de cera editada por el Centro Andaluz  de Flamenco en dos compactos y titulada “Primeras grabaciones del  flamenco”, existe, según me indica mi amigo e investigador flamenco José  Manuel Martín Barbadillo, una malagueña interpretada por Rafael Rico  Expósito “Rafael el Moreno”, nacido en Jerez en 1867, que muy posiblemente  sea, la primera grabación existente de la malagueña del Mellizo, toda vez que  guarda directa relación con las citadas anteriormente e interpretadas por  Garrido de Jerez y El Niño de la Isla.  

Según Blas Vega la Malagueña chica nació en 1903 (cuando Enrique  tenía 55 años de edad) en el Puerto de Santa María y en el transcurso de una  fiesta en que cantaban El Mellizo y Chacón, en un momento que a Enrique, ya  mayor, le fallaron las facultades.  

Es decir antes lo que hacía Enrique era la Malagueña Mellicera –pura y  dura- que pasa a denominarse doble desde el punto y hora en que no pudiendo  con este cante, por motivos de salud y edad, lo recrea en lo que ha venido a  llamarse Malagueña chica. Que por otra parte, siguiendo los gustos privativos  de cada uno, a mí me parece la más flamenca de las dos.  

Con objeto de diferenciar claramente la Malagueña Doble de la Chica,  cito a continuación las siguientes grabaciones;  

Malagueña Chica: Aurelio Sellé “En contra de mi torrente” (1959) con Melchor  de Marchena.  

Malagueña Doble: Pericón de Cádiz “Por lo mucho que te quiero” (1971) con  Félix de Utrera 

 

Hay quien atribuye un tercer estilo al Mellizo, al cual denominan “media”  por encontrarse a caballo entre la Doble y la Chica, sin embargo es opinión  personal del que suscribe que la citada no es malagueña del mellizo - propiamente dicha-, por cuanto no se ajusta a los cánones establecidos por su  creador.  

Tientos: Antonio Chacón. “El señor de la humildad” (1909) con Juan  Gandullas “Habichuela” a la guitarra, Manuel Torre “Hablo con Jesús y le digo”  (1909) también acompañado por el mismo guitarrista gaditano y Niña de los  Peines “Al escucharlo temblé” (1910) con Ramón Montoya.  

https://www.youtube.com/watch?v=gDOlNP9nkLs

Soleares: Siguiendo las precisas indicaciones de D. Luís Soler  Guevara y Ramón Soler Díaz, en su libro "Antonio Mairena en el Mundo de la  Siguiriya y la Soleá" editado por la Fundación Antonio Mairena y la Junta de  Andalucía, hemos de citar las siguientes,  

En su estilo primero: Pastora Pavón “Niña de los Peines” (1914)  “Bayetita de la negra” con la guitarra de Luís Molina, Manuel Torre “La fe mía  de bautismo” (1929) con Borrull hijo, Aurelio Sellé “Que la ausencia causa  olvido” (1929) con Ramón Montoya y Tomás Pavón “A mi madre de mi alma”  (1959) con Melchor de Marchena.  

En su estilo segundo: Manuel Torre “Mira que cosita más sensible”  (1909) con Juan Gandullas y “Tan pobre era mi pena” (1929) con la guitarra  del “Hijo de Salvador”, Tomás Pavón “Le pido a Dios” (1959) con Melchor de  Marchena y Antonio Mairena “A pasar fatigas dobles” (1959) también con el  mismo guitarrista.  

En su estilo tercero: Niño de Cabra “Ya sale la Luna llena” (1907) con la  guitarra de Enrique López, Paca Aguilera “Hombre ¿qué quieres de mí?” (1909)  con Ángel de Baeza, Niña de los Peines “Amarillo sale el Sol” (1910) con  Ramón Montoya y Juanito Mojama “Las que en silencio estén” (1929) también  con Ramón Montoya.  

Siguiriyas: Continuando con el concienzudo trabajo de los Soler,  citamos las siguientes:  

En su estilo primero: Antonio Mairena “Y que vergüenza” (1965) con  Melchor de Marchena y Pepe el de la Matrona “Como la tortolita” (1976) con  Félix de Utrera.  

https://www.youtube.com/watch?v=2cBOoOrbCHw

https://www.youtube.com/watch?v=yzAnkx9m3IQ

En su estilo segundo: Antonio Mairena “Dinero” (1958) con Juan Moreno  y Pepe el de la Matrona “En contra” (1976) con Félix de Utrera.  

http://canteytoque.es/mellizo2mat25.mp3

 

Alegrías: Niña de los Peines “Le di un duro al barquero” y “Que bien te  pega la gorra” (1913) con Luís Molina y Aurelio Sellé “El agüita no la aminoro”  (1929) con Ramón Montoya. También hay que citar como interesante  grabación la efectuada por Manuel Torre en 1929 titulada “Le di un duro al  barquero” con la guitarra de Borrull hijo. 

Le di un duro al barquero

https://www.youtube.com/watch?v=LtW9h3PPhKU

El agúita no la aminoro

https://www.youtube.com/watch?v=Zaf8Fvi5wPw

 

Montañesas flamencas: Niño de la Isla “Tengo que subir al Puerto”  (1910) con Ramón Montoya.  

Niño de la isla

https://www.youtube.com/watch?v=lrweSCuy-Q0

 

Saeta: Aún cuando tenemos constancia escrita en la prensa de la  época de que las cantó, también es cierto que en su época las cantaban otros  saeteros gaditanos. No obstante la anterior en este apartado, al menos es  citable la interpretada por Antonio Mera “Almendrita” (1968) titulada en los  Archivos de Vergara “Saeta de la Mónica”, grabación en la que tributó honor a  la excelente saetera gaditana llamada Mónica Llamas Rabanal y que recogió  en su cante la verdadera escuela de los saeteros de Cádiz.  

https://www.youtube.com/watch?v=JB9w-BzUd_E

 

Entrevista a Aurelio Sellés. Extracto de la publicación: Conversaciones flamencas con Aurelio Sellés

—Aurelio, para empezar, háblenos algo de su juventud.

—Yo cuando era joven no quería ser cantaor. Yo quería ser

torero. Y llegué a torear unas cuantas novillás y tó. Pero co­

mo era mu malo por eso me quité, yo no equivoqué a mi familia.

—¿En su familia había más cantaores?

—Cantaor ninguno. Mi hermano Chele que cantaba muy

bien, pero no fue cantaor, no era profesional. Cantaba muy

bien, muy bien; y además tenía mu buena voz (1).

—¿Y cómo fue que usté se dedicara al cante?

—Yo vine de América y me metí a trabajar. Por el año trece

vine. Mi hermano Chele murió en el año trece, el día cuatro

de enero. Yo estaba en Méjico y como se alevantó la guerra

me vine huyendo p’acá. Pues resulta de que me metí a tra

bajar —yo había trabajao en las murallas, yo había trabajao

en las calles, pa mantener a mi madre, que yo perdí a mi pa­

dre con once años, y nos queamos un hermano mío, una her­

mana que era la que nos mantenía, mi madre, mi hermana,

mi hermano, y yo, de veintidós que éramos, y ese Chele que

estaba enfermo, estaba en Málaga, estaba enfermo, tenía un

tumor canceroso en el hígado—. Bueno pues me meto a tra­

bajar en la obra del puerto. A los cuatro meses me hicieron

patrón de bahía; yo era mu listo, en esas cosas de la mar; cla­

ro heredao de mi padre. De patrón de bahía ganabas dos rea­

les más que los demás, y porque pa llevar una batea a la vía

honda que se llamaba, que la vía honda estaba por Puerto

Piojo, aonde está la estatua de las Cortes, ahí. Bueno pues

ahí hacían los bloques y pa llevar los bloques al muelle que

se hizo primero. Eran bloques de piedra con setenta tonelás

ca bloque, y los llevaban en batea; y pa llevar la batea había

que ser patrón de la bahía, porque después había que llevar

la batea también pa limpiarla cuando tenía mucho limo y de­

más, había que llevarla a Puntales pa que la limpiaran. Bue­

no, pues me meto a trabajar..., pero aquí había una mucha­

cha de Cartagena, que cantaba bien, vamos no es que canta­

ra, que era artista de varieté, y era mu tunanta. Emilia Be­

nito se llamaba (2).

Ella estaba cantando en el cine Escudero, aonde ahora

está la estación nueva (3). Bueno, pues allí nos reuníamos

toas las noches cuando ella venía; y entre todos reuníamos:

uno cuatro perras gordas; otro, seis gordas; total y tomába­

mos pescao frito y valdepeñas, y ella con nosotros. Pero dice

una noche: Esta noche no hay cena de pescao, eh, porque esta noche

hay una cena buena, que viene un teniente destos pa Lara-

che; y le van a dar una fiesta, de manera que no podemos en­

trar más de cuatro. Va entrar Aurelio, va entrar este...

Bueno, pues subimos p'arriba, al Turibar (4), que había

cenas y había de todo. Venga comida, venga esto... y me pre­

sentó a este hombre. Y a última hora me dice:

—Bueno tu vas a cantar una vez, ¿no Aurelio?

—Yo cantaré, que le vamos a hacer... Que llamen a Capinet-

ti (5).

Esta fue la primera fiesta que yo tuve. Y cuando acaba

la fiesta y le dice:

—Avanza nombrada, teniente Calizalla, dale diez duros al

cantaor y cinco al tocaor. En aquella época daban seis pese­

tas. El teniente era rico. No sé cómo se llamaba, ella le dijo:

Teniente Calizalla. Un apodo que le puso de momento.

Y yo cogí los diez duros, dije: ¿Yo pa ganar catorce rea­

les que gano, tengo que estar tor día trabajando...?, yo no voy

más a trabajar. Mi mare no quería que yo fuera cantaor aun-

que me dieran diez millones... Y yo: Yo no voy más a traba­

jar, yo he ganao diez duros y yo no voy más a trabajar. Total

que me puse yo en cinco duros, la fiesta; porque vino, me

acuerdo que el primero que me vino fue un muchacho que le

decían aquí Salvador el del Baratillo, que le gustaba eso y me

dice:—¿Usté puede venir conmigo?

—Sí, pero yo no voy en coche. Yo no cantaba en los coches.

Yo me impuse pa no cantar en los coches. Pa cantar en los

cuartos y no cantar antes en el mostrador ni en salas de fies­

tas ni en bailes, porque yo no cantaba por diez millones en

esos sitios. Yo quería salirme de eso de los coches. Yo canta­

ría alguna vez en coche pero con una borrachera mía, de mie­

do (6). Y efectivamente, me llama este Salvador, estoy con

él, me da diez pesetas y yo no le digo una palabra, me quedé

con mis diez pesetas, y dije: esto son tres días largos o cerca

(6) «Allí en Cádiz había costumbre de que las fiestas se hicieran en los co­

ches de caballos, y en vez de meterse en un cuarto a oír cantar, la ma­

yoría de la gente lo que quería era alquilar un coche, coger a los ar­

tistas y empezar a dar vueltas por tó Cádiz pa que la gente viera que

fulano de tal se había metió de fiesta y llevaba tres o cuatro artistas.

Y nosotros, los artistas, nos tirábamos toa la noche cantando de un si­

tio pa otro. Llegábamos a una tienda, a otra tienda, y como tó se quea-

ba abierto, a toas las horas había vino. Paraba el coche en la puerta

de la tienda tal, y allí mismo, sin bajarnos ni ná, el montañés nos traía

el vino. Después seguíamos pa otra tienda o a casa de alguna mucha­

cha pa echarle una serenata, y por tós laos cantando y tocándola gui­

tarra. Y me acuerdo que muchas veces, cuando ya eran las tres o las

cuatro de la mañana, nos parábamos en un sitio a tomar una copa y

seguir cantando, y cuando nos dábamos cuenta estaban los balcones

llenos de mujeres con sus maríos, los maríos en camiseta y ellas con

las enaguas blancas, escuchando cantar, hasta que ya el que nos lleva­

ba decía de seguir p’alante, y entonces los de balcones principiaban a

dar voces:

—¡No! ¡No te lo lleves!

—¡Déjalo un ratito más!» (Págs. 97-98. Las mil y una historias de Pericón

de Cádiz■ M. Ediciones Demófilo, 1975).

Pero al otro día viene en busca mía el mismo individuo,

y estaba yo en el Aguaducho (7), parao, y viene y me dice:

—Hola, buenas; esta noche echamos otro ratito. Y le digo:

—Me es imposible.

—¿Por qué?

—Porque estoy esperando a uno aquí que me va a dar diez

duros por cantar, si usté me los da sí.

—No, eso yo no lo puedo dar. El era rico.

—Bueno, pues vaya usté con Dios. ¡Mentira! ni diez duros ni

ná, lo que pasa es que yo no quería ya cantar por los dos du­

ros. Y yo me puse en cinco duros. Y tuve hasta tres fiestas

en la noche a cinco duros. Yo era el amo de Cádiz, el amo,

el amo. Me hice el amo de Cádiz. Tenía una voz como un de­

monio. En aquella época me tocaba Capinetti. El Pollo tam­

bién me tocó muchas veces, una barbaridad de veces (8).

—¿Y entonces todo el cante suyo de dónde le vino?

—Yo aprendí del Mellizo, de Enrique. Porque Enrique esta­

ba más veces en mi casa que en la calle. Y Enrique eta mu

(aficionao, mu buen cantaor. Era el mejor músico de España,

en flamenco, ¿eh? Ese cante de

               

Mira la vergüenza

que me has hecho pasar

de andar pidiendo limosna de puerta en puerta

pa tu libertá.

 

Eso se lo cantó a su hijo en el Eslava. En el teatro Eslava, en

la calle Hospital de Mujeres (9). Y Enrique, yo mu chiquiti-

to, como era tan amigo de mi hermano, pues en esa parte que

hay por ahí, enfrente donde están las casas de los oficiales

que se quean ahí a dormir y a comer algunas veces, pasás las

rejas del parque; pues ahí se hacían cafés cantantes en la Fe­

ria del Perejil y ahí entraba Enrique el Mellizo y entraba Cha­

cón (10). Tendría yo unos ocho o diez años y me trajo mi her-

mano aquí pa yo escuchar a Chacón, con la voz natural (11).

Era un divo, Chacón tenía que ser un demonio... y ya en Ma­

drid a Chacón lo escuché cantar muchas veces, aquí lo escu­

ché cantar, aquí en el Parque.

—¿Y en su época de joven; qué cantaores había aquí con nombre?

—Pues los que tenían nombre eran: Antonio el Mellizo, el her­

mano: Enrique El Morcilla; porque los demás que cantaban

mejor que él no buscaban la vida..., que eran Enrique Bu­

trón. Enrique Butrón era un cantaor formidable, ese era uno

de los mejores cantaores que yo he conocido en mi vida, lo

que es, es que tenía ya la voz afillá: ronca. Diego Antúnez es­

taba siempre en Sevilla, aquí venía en el verano, a pasar la

temporá de verano. Y aquí murió. Aquí tenía las hijas y a la

mujer. Rafael Pareja estuvo también aquí; y estuvo por aquí

uno de Huelva que le decían Antonio el Feo. También Jua-

niquín, estuvo en la Tienda La Habana (12). Porque aquí ha­

bía entonces muchas fiestas, muchos forasteros.

Relaciòn con Fernando el de Triana

A Fernando el de Triana yo casi no lo conocí, porque a mi me pidieron

un retrato y yo dije que no tenía, pa Fernando el de Triana,

y entonces lo buscaron, que ese retrato me lo había hecho yo

con dos amigos mios, con Pepe Naranjo, el de Morón (13); y

el veinte.

Su experiencia en Madrid

Pero yo no quería entrar por la capital de Ma­drid, porque no quería

que me vieran los aficionaos al toreo

que había allí, que eran toreros algunos, y yo no había sio to­

rero, y estaba descompuesto. Y un individuo me buscó una

fonda mu churria, una casa particular, pero entro en la coci­

na, digo:

—Mire usté señora, si yo quisiera verter aguas o me entrara

alguna necesidad por la noche... dice:

—Miré usté, venga usté aquí a la cocina, y veo en la cocina

un lebrillo y las escupideras metías dentro del lebrillo y los

platos de la comía metíos también allí dentro. Y por la me­

moria de mi santo padre, me dije yo:

—Yo aquí no entro por diez millones. Me quedé allí a dor­

mir, por la mañana me levanto, me arreglo y me voy a apa­

ñarme y afeitarme y pelarme. A mi me quedaban cuatro du­

ros, yo dejé en mi casa diez duros y yo salí con veinte, me

costó el viaje ocho duros y pico. Bueno, pues a Los Gabrieles

(20). Y pregunto a Cipriano, uno de Segovia, un santo era;

le digo:

               

—Oiga usté el dueño de aquí ¿quién es? Dice:

—Ese señor que está sentao. Al lao izquierdo se pasaba por

una puerta; y había allí una cantidá de artistas... yo no sabía

que eran artistas; tomando café... lo menos treinta artistas; lle­

go y le digo:

—Buenas noche, ¿usté es el dueño de aquí?

—Servidor de usté. ¿Qué quería usté?

—Yo quería hablar con usté, porque yo soy artista. Dice:

—Malamente viene usté... Me morí. Digo:

—¿Por qué vengo yo malamente?

—Tome usté café, hombre, siéntese usté. Me senté, tomé café

y dice:

—Malamente viene usté, porque resulta de que: ¿usté ve to

los artistas que están ahí?, dentro de diez minutos los mando

yo arriba al cuarto La Lidia.

 Los Gabrieles fue el más importante y famoso de los colmaos que re­-

gistra la historia del cante. Todavía permanece en la madrileña call-e

de Echegarav, esquina a la de Fernández y González, en pleno cora­-

zón de una zona eminentemente flamenca y taurina, casi con la mis­-

ma forma y principal decoración de como se encontraba en sus tiem­-

pos de apogeo. Consta de tres plantas y el descenso a los sótanos pa­

rece el laberinto secreto de un palacio árabe.

Por el año 1907, la primitiva instalación de Los Gabrieles, trasladose

al local actual, que era una fábrica de muebles. Esta iniciativa se de-­

bió al prestigioso periodista don José Gimeno Bizarra, que quiso idear

un restaurante de gusto moderno. Guiado por la mano experta del en­-

cargado Adrián Quijano, más adelante propietario, el local adquirió

pronto popularidad, siendo el punto de cita de los noctámbulos ma­-

drileños y el colofón de cualquier acontecimiento importante. Pinto­-

res, toreros, actores, hombres de negocios allí se deleitaron y conocie­-

ron las mejores figuras del género, encabezadas por don Antonio

Chacón.

-Bueno —le digo yo—, pues a mí lo que me quedan son cin­-

co duros.

—Por eso no lo haga usté, porque yo le pago el tren y le doy

a usté pa la merienda.

—Muchísimas gracias, pero yo me quedo aquí.

—¿Usté se va a quear en Madrid?

—Sí señor. ¿Aquí no entra ninguno que no quiera nadie can­-

tarle, porque da poco dinero o porque sea un guasón?

—Sí señor, que los hay y muchos; que no quieren cantarle

nadie.

—Bueno, que me llamen pa uno d'esos. Yo lo que quería es

que me escucharan cantar. Y efectivamente, agarra el hom­-

bre, me lleva aonde estaban tos sentaos, y entre ellos estaba

el de la Matrona, que tenía dos placas sifilíticas en la gargan­-

ta, y me dice el hombre:

—Bueno, este señor es cantaor y quiero que ustedes lo atien­-

dan..., y dicen los otros:

—Bueno, está bien. Y a eso, pasa un hombre, y dice el Niño

de las Marianas: (21).

—Ya tengo los cinco duros. Ese hombre entraba allí todas las

  noches a cenar y mientras que cenaba —estaba media hora

o tres cuartos de hora— le cantaban dos veces por soleá a tos

los que llamaba él, y les daba cinco duritos a cada uno. Cin­

co duritos a él y cinco duros al tocaor, que el tocaor era Ma­

riscal. Y ese hombre sube arriba, con la señora que iba; se

llamaba don José Luque, de Córdoba era, abogado, un cha­-

val con treinta años, mu bonitillo, mu puesto. Y en vez de 11a-

(21) Luis López Benítez. «Niño de las Marianas». Nació en Sevilla el

21-VII-1889. Actuó en los cafés cantantes y en el cuadro flamenco del

Maestro Otero. En 1915 vino al café de la Marina, quedándose aquí,

en Madrid, definitivamente. Participó en las fiestas de Los Gabrieles

y en las de Villa Rosa.

Popularizó el cante de las Marianas y de ahí le proviene su nombre

artístico. Murió en Madrid el 7-1II-1963. Hijo suyo es el conocido gui­

tarrista Luis Maravilla.mar al de las Marianas, no s'acordó del de las Marianas y

llamó a Calcetines (22), y Calcetines se acababa de ir con

una borrachera como un mulo y sube el camarero y le dice:

—Mire usté, Calcetines se ha marchado con una borrachera

mu mala...

—Bueno, pues que llamen al de las Marianas. El de las Ma­

rianas dice al camarero:

—Dígale usté que yo no estoy, y no quería subir nadie. Ya

estaba Mariscal allí adentro. Y dice el de la Matrona:

—Oiga usté —ronco estaba el pobrecito— ¿usté no dice que

es cantaor?, ¿quiere usté subir arriba?

—Hombre, yo...

—Mire usté que da cinco duros.

—Como si da dos, yo lo que quiero es cantar, y efectivamen­

te, cogí el camino, subo p’arriba, llamo a la puerta.

—Pase, entre usté. Entro, la señora allí... la señora tendría

unos sesenta años, pero parecía que tenía cuarenta y ya le ha­

bían hecho la estética, porque ya se hacía la estética en Amé­

rica. Saludé a la señora:

—Señora ¿cómo está usté? Saludé también al caballero; y me

dice:

—¿Usté de dónde es?

—De Cádiz. Y dice:

—Ya se conoce. No sé si sería por el saludamiento o por lo

que fuera...

—Bueno, ¿qué va usté a tomar?

—Yo lo que ustedes vayan a tomar.

—Nosotros vamos a cenar. Ya le habían puesto los platos, pe­

ro vacíos; y una botella de Riscal, le habían puesto allí

encima.

—Bueno, ¿va usté a cenar con nosotros?

—No, no; muchas gracias; yo acabo de cenar. Pa mi que us­

tedes iban a beber vino...

—No, vamos a cenar. El tiempo de cenar, el tiempo que va­

mos a estar aquí. Usté ¿qué vino quiere? Entonces era NPU

el que se tomaba allí en Madrid, y unas peladillas, avellanas

y un poquito jamón que trajeron en un platito; y en una me­

sa adosá a la que tenían ellos nos lo pusieron.

—Bueno —me dice— ¿usté sabe cantar por soleá?

—Hombre, ¿yo?, yo sé cantar de todo, pero mire usté yo no

soy gran cosa...

—Bueno, pues cante usté.

Salió tocando, Mariscal tocaba a compás; y cuando pe­

gué el primer tronío, dice:

—No cante usté más. Digo «¡Osó ya estoy en la calle!» ¡«Ya

estoy en la calle!» Toca el timbre, viene el camarero y le dice:

—No vayas a traer la comida, ¡ch! Llévate to esto de aquí y

traéte otra botella de NPU. Y dile al chófer que suba. Sube

el chófer y lo manda el señorito este por unos señores, que vi­

vían en la Dehesa de la Villa. Fue por ellos, los trajo. Llega­

ron allí a escuchar... Estuve yo cantando.

El tío se volvió loco conmigo, loco se volvió y ella lo mis

Total que se acaba la fiesta a las cuatro la mañana, y dice:

—Ahora vamos a cenar todos juntos. Trajeron la cena, y a

las seis de la mañana pa la calle. Le veo que le da cuarenta

duros al tocaor y digo:

«Ya tengo yo veinte duros por lo menos.» Pero hace así,

me jala y me dice:

—Bueno, vámonos p’abajo. Tor mundo p’abajo y él de últi­

mas, y yo delante de él, y me hace así, me toca el hombro, y

me da la mano pa que la cogiera; alargo la mano y me da un

papelito y me lo meto en el bolsillo.

—Mañana venga usté otra vez que le convido a cenar.

—Bueno, muchas gracias. Usté descuide que yo vendré. Y ya

el dueño estaba loco, estaba loco porque se acabara la fiesta

y por saludarme; y me dice el dueño:

—Va usté a ganar mucho dinero aquí, y yo pa ver lo que te­

nía en el bolsillo, pa verlo yo solo, voy y le digo al dueño:

—Oiga usté, ¿para verter aguas...?, dice:

—¡Camarero!, acompañe a este señor a verter aguas. Yo lo

que quería era ver lo que me había dao. Y me veo un billete

de cuatro mil reales y me volví loco. Claro, eso era una enor­-

me cantidá de dinero en aquella época, daba mucha gente

cien duros, setecientas y seiscientas. Pero mil era raro. Salgo,

me siento allí y le digo al dueño:

—Oiga usté, ¿aquí hay betunero?

—Sí señor.

—Pues dígale usté que me limpie los zapatos. Me limpia los

zapatos y cuando acaba le digo:

—Telégrafos. ¿Aquí dónde está?... —ya eran las nueve de la

mañana— y claro yo sabía donde estaba, pero vamos por

preguntar...

—¿Por qué? ¿Va ir usté a telégrafos?

—Sí, porque quiero poner un giro.

—Aquí, este muchacho, se lo puede hacer, y no se incomode

con ir usté allí, me dice el dueño, Adrián.

—Bueno, si este muchacho...

—Sí, este muchacho lo garantiza la casa; además vende lote­

ría y tal. Total que meto mano y le digo:

—Giré usté ochosientas pesetas pa Cádiz y tráigame usté la

vuelta. Se volvió loco el dueño. Porque claro yo le había en-

señao la noche antes los cuatro duros que me quedaban... y

me dice:

—Va usté a ganar mucho dinero aquí en Madrid.

De izquierda a derecha: Aurelio Sellé, Jerónimo de Troya y Romero

y Pepe Navarro

 

Aurelio por soleá

https://vereasnegras.com/fonoteca/aurelio-de-cadiz-por-solea-ano-1929/

 

Tantos sus biógrafos, así como testimonios directos, nos hablan de esas visitas del entonces joven cantaor a fuentes fidedignas. Las tenía en Madrid como Pepe de la Matrona o Rafael Romero “el Gallina” entre otros; pero no faltó la de Aurelio Sellés en Cádiz, e incluso Parrilla El Viejo en Jerez. Y es que esa querencia a los cantes de la escuela gaditana lo acompañaron siempre. Don Antonio Chacón, aparte.

Tal vez este trabajo salga a la luz un día para explorar los gustos de Morente en aquellas incipientes obras. Y comprobar cómo y qué escuelas en los cantes por soleá y siguiriyas, tantos y cantiñas reclamaban sus celos cantaores de juventud. Cuando cerraba este artículo, he leído uno del compañero Manolo Bohórquez que también reivindica el gusto del maestro por Sevilla y sus artistas. Otro del profesor Norberto Torres en los cantes de Almería. Sería muy interesante unir todas estas direcciones para constatar luego como el maestro del Albaicín las hace suyas con personalidad, pero con conocimiento de causa. Como un Picasso del cante.

De momento, vaya aquí una muestra y es la soleá que el maestro granaíno interpreta magistralmente – siempre a su manera y forma – en la película documental “Morente sueña la Alhambra”, junto a la guitarra de Tomatito. Una secuencia que nos lleva, bajo su prisma, al Cádiz de Enrique el Mellizo (versión Sernita) en el primero de los cantes y los de Paquirri El Guanté (r) de desarrollo – el nombrado como 2 – y de vuelta al valiente de El Mellizo en esta ocasión para cerrar, con juguetillo (a Diego Alba le gustaba decir «soleariya») dedicado a Camarón incluido.

https://youtu.be/EqQsKbBRe_Q

 

 

 

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